El encuentro

Me lo encontré de frente, nos vimos cara a cara y fijamos nuestras miradas; tarde o temprano esto iba a ocurrir, con el paso de los días sentía como su presencia acechaba pero no me imaginé la premura de su llegada. Creí que tendría tiempo para fortalecerme y armar mi ejército, empecé a preparar la estrategia, a obtener mi artillería y si bien los días se apresuraron no estaba lista pero ya algo más preparada.

Desde hace mucho tiempo el temor de ese encuentro me atormentaba logrando que mi respiración se acelerara, mi pierna temblara y mi estómago se pronunciara; incontables fueron las noches meditando en un silencio escandaloso, tratando de recobrar mi armadura sin perder la cordura.

En mi preparación traté de ser muy cautelosa, sin dar pasos apresurados, alistándome para una guerra que en el 95% iba a librar sola, sabía que esta cita me iba a restar tranquilidad por lo que trabajé en obtener paz mental, me subí al tren de las oportunidades para poder obtener los recursos necesarios y administrar la batalla pues mi teoría nuevamente es comprobada y es que nada malo pasa sin la bendición de Dios quien nos lanza una tabla para que sea nuestro caballo de batalla.

El encuentro fue escalofriante, mientras venía por la esquina debilitaba a mis soldados, gritaba de manera ensordecedora logrando que ellos vayan perdiendo las fuerzas, la esperanza y la fe. Mi papel jugaba una partida adicional y es que no solamente tenía que prepararme yo para ese encuentro, debía liderar a todos en cualquier aspecto y ayudarlos a afrontar también esa presencia tan ingrata.

Aquello no solo pasó de visita, decidió quedarse y yo le ofrecí la habitación grande pues estoy consciente de que debo ser paciente para ganar la guerra, debo lograr que se acomode y se descuide mientras yo día a día avanzo un poco más pues a diferencia suya tengo muchas ventajas: es verdad que anunciaba su llegada y puede quedarse eternamente si se lo permiten pero por si sola no tiene autoridad para lograr eso, yo sí; ella esta completamente sola, yo al menos cuento con mis soldados temerosos; ella no piensa, solo destruye y yo pienso y construyo y lo más importante del cielo a diario caen armas para no solo defenderme sino dar golpes atinados.

Dios, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que si puedo y sabiduría para distinguir la diferencia.

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